Efecto dominó: cómo el salario mínimo castiga a los trabajadores.
- ElLibertario Blog
- 31 ago 2023
- 13 Min. de lectura
Actualizado: 3 sept 2023
Un artículo de opinión sobre los efectos del salario mínimo y cómo éste perjudica principalmente a los trabajadores, los más vulnerables y a las pequeñas y medianas empresas.
01 Sept, 2023

Numerosos debates se han generado en torno a las leyes de salario mínimo (de ahora en más: SM), principalmente en el ámbito académico. Para aquellos que no están familiarizados, el SM es una cifra mínima establecida por ley que los empleadores deben pagar a sus empleados por mes u hora trabajada. La principal razón que justifica esta medida es la protección a los trabajadores frente a los abusos que podrían cometer los empresarios. Se cree que de no existir tal ley, muchos empleados se encontrarían desprotegidos y vulnerables frente al poder económico de sus contratadores, sumergiendo a muchos a la precariedad y a la no cobertura de las necesidades mínimas.
En el presente análisis, no buscamos profundizar sobre si la implementación de la ley puede estar mal intencionada, sino que por el contrario, si podríamos modificar los precios de la economía (como el salario) sin que se produzcan efectos secundarios, entonces, ¡bienvenidas sean estas medidas! ¿Quién no querría que los trabajadores ganen más dinero? Pues bien, demostraremos en este artículo que el SM, lejos de aportarles beneficios, perjudica principalmente a los trabajadores y a las pequeñas y medianas empresas.
SALARIO MÍNIMO Y EMPLEO
En este apartado nos adelantaremos al puntualizar sobre una de nuestras principales hipótesis: aquella la cual refiere a que una medida como el SM podría ocasionar una pérdida generalizada de nuevos puestos de trabajo. Nos encontramos entonces, con la antítesis de lo que se supone que el SM debería ocasionar, y es que sí; implementar por ley una suma de dinero que funcione como base salarial, podría generar justamente una pérdida de empleo.
Quizás uno de los efectos más estudiados por los críticos del salario mínimo sean las repercusiones que puede tener dicha ley sobre la tasa de desempleo. El argumento es simple:
Si se fija el precio del salario por encima del establecido libremente por el mercado, muchos empresarios no podrían afrontar estos aumentos -ya sea para no trasladar los costos al precio de sus productos o no disminuir la calidad de estos- y decidirán contratar menos trabajadores o despedir algunos (especialmente entre trabajadores menos calificados o jóvenes).
La medida, por lo tanto, perjudica a aquellos que voluntariamente habían accedido a trabajar por un precio menor al mínimo y que, luego de la ley de SM, simplemente quedaron fuera del mercado laboral, o forzados a migrar a la informalidad.
Probablemente un individuo que cobre menos del mínimo no logrará cubrir todas sus necesidades ni mucho menos las de su familia, sin embargo, nos estamos olvidando de que existe la posibilidad de que esa persona quizás cuente con un trabajo complementario. En este caso, si se impone una nueva ley de SM, a este trabajador podrían despedirlo de su trabajo original, o de ambos, y se encontraría en una situación aún peor que la inicial.
Supongamos otro ejemplo, el de un estudiante que vive con sus padres, quien probablemente aceptó un trabajo donde cobra menos que el mínimo porque le proporcionaba un ingreso extra, pero la nueva ley fuerza a que se le pague un salario más alto, generando un probable despido.
Tampoco podemos descartar la posibilidad de que existan personas dispuestas a llevar un estilo de vida bohemio, que son felices viviendo en hogares simples, sin más que los recursos indispensables y sin la necesidad de recurrir a muchos gastos. Nuevamente, el SM lo privará de esa posibilidad.
Sin embargo, el salario mínimo sí beneficia a aquellos trabajadores más productivos y calificados, a los cuales los empresarios están dispuestos a mantener en sus empresas debido a gran utilidad. Aunque este favorecimiento sería solo en detrimento de los no calificados o poco productivos.
En síntesis, el SM generalmente tiene efectos negativos en el nivel de empleo y perjudica a los trabajadores más vulnerables. Aunque, sí leyó atentamente notará que dijimos “generalmente” y no “siempre”. ¿Esto quiere decir que hay casos en los que el salario mínimo no genera desempleo? La respuesta es sí. Veamos.
Las investigadoras argentinas Mónica y Maribel Jiménez realizaron un meta estudio en el cual recopilaron 588 artículos sobre los efectos del salario mínimo en el empleo. Descubrieron que el 72,9% de ellos concluía en que el SM tiene efectos negativos sobre el empleo, mientras que un 27,1% mostraron que en realidad hay consecuencias positivas. Ahora bien ¿Cuáles tienen razón? Lo cierto es que ambos: hay casos, (aunque la gran minoría) en los que el SM aportaría beneficios para los trabajadores y aumentaría el nivel de empleo. ¿Cuáles son esas excepciones? Les contaremos.
Una de ellas es cuando las empresas tienen poder de mercado, por ejemplo, en ocasiones donde para determinado mercado hay un solo demandante de mano de obra y muchos oferentes, es decir, una sola empresa que contrata y muchos trabajadores que compiten por ofrecer su fuerza de trabajo. Esta misma competencia entre los trabajadores por el puesto generaría una presión a la baja en los salarios, generando que el que esté dispuesto a trabajar por menos dinero sea, generalmente, el contratado.
Otro ejemplo de poder de mercado ocurre cuando las personas no están contentas con su salario pero, de todas formas, no se movilizan para buscar un nuevo empleo que pague más dinero ya que ello implicaría diversos posibles costos como: mayor inseguridad e incertidumbre, largo tiempo de espera hasta encontrar otro empleo, entre otros. Entonces, las empresas conociendo esta situación, desprovistas de competencia, no tienen incentivo alguno de aumentar los salarios.
Una posible reacción ante esto sería establecer un salario mínimo por ley para que las empresas no se aprovechen de esta vulnerabilidad y así todos cobren un poco más. Esta es justamente la razón por la que se aprobó una ley de SM en Alemania en 2015. Sorprendentemente, luego de la medida se vio que el efecto en la tasa de empleo fue positivo, pero ¿por qué? Sencillamente porque hubo una alta migración de trabajadores desde las pequeñas y medianas empresas (muchas de las cuales no podían afrontar el SM) hacia las más grandes y productivas. De este modo, las grandes empresas absorbieron a las menos poderosas y pudieron contratar más trabajadores a un precio mayor que antes de la ley, generando mayores tasas de empleo.
Ahora bien, podríamos irnos todos a dormir con esta conclusión de que el salario mínimo es útil en muchas ocasiones porque tiene efectos positivos sobre el nivel de empleo y los salarios. Pero la realidad es que el SM no acarrea consecuencias únicamente en la tasa de empleo, sino que hay muchísimos factores más sobre los que influye. Veamos uno por uno:
1. Concentración del capital
Como mencionamos anteriormente en el caso de Alemania, la implementación del SM provocó altos costos para las microempresas, muchas de las cuales se vieron obligadas a cerrar y fueron absorbidas por empresas más grandes y productivas, las cuales sí podrían afrontar los nuevos salarios. De este modo, la producción de bienes y servicios se concentró en un menor número de compañías. ¿Tiene esto algo de malo? Diremos que sí, cuando la concentración se da de manera forzada como lo fue en este caso, se genera una reducción de la competencia, lo que se puede traducir también en menos variedad en la oferta de bienes y servicios.
Asimismo, la concentración de capital y la reducción del número de empresas pueden tener otros efectos como un aumento en los costes de transporte de los trabajadores, quienes ahora tendrán que recorrer mayores distancias cuando antes, quizás, habían aceptado voluntariamente un empleo que paga menos simplemente por la comodidad y el ahorro que significaba contar con un trabajo cercano a casa.
2. Aumento en los costos laborales
Continuando con los argumentos anteriores, un aumento en el salario mínimo implica que las empresas tienen que pagar salarios más altos a sus empleados (algo bastante obvio, ¿no?). En consecuencia, aumentan los costos laborales directos para las empresas y, aquellas que operan en sectores donde los márgenes de ganancia son ajustados podrían encontrar difícil absorber estos costos adicionales sin afectar su rentabilidad. Ergo, si las empresas no pueden aumentar los precios de sus productos o servicios para compensar el aumento en los costos laborales, sus márgenes de ganancia se reducirán. Esto puede afectar su capacidad para invertir en innovación, expansión y otros factores que impulsan la competitividad a largo plazo. Si nos posicionamos en los mercados internacionales, veremos que las empresas que enfrentan costos laborales más altos pueden tener problemas para competir con empresas de otros países donde los costos laborales son más bajos. Y en este sentido, vemos un nuevo efecto secundario del salario mínimo, y es que para mantener la competitividad, algunas empresas podrían optar por subcontratar o trasladar parte de su producción a países con costos laborales más bajos. Esto puede resultar en la pérdida de empleos en el país donde se implementa el aumento del salario mínimo.
3. Incremento en los precios
Al mismo tiempo, un aumento en los costos laborales puede llevar a un incremento en los precios de los bienes y servicios de aquellas áreas económicas alcanzadas por la ley de SM. Esto podría reducir el poder adquisitivo de los consumidores y, en última instancia, neutralizar los beneficios de dicha ley.
4. Pérdida de competitividad
Seguido a esto, podríamos considerar una pérdida de competitividad al implementar una ley de SM. Como muchos sabrán, la pérdida de competitividad se refiere a la disminución en la capacidad de una empresa, industria o incluso un país para competir con éxito en los mercados nacionales e internacionales. Cuando se implementa un aumento en el SM, especialmente si es significativo, puede haber varios efectos que afecten la competitividad. En este sentido, las empresas que enfrentan mayores costos laborales debido a ésta medida, podrían tener dificultades para competir a nivel nacional o internacional, lo que podría llevar a una disminución en la producción y las exportaciones.
5. Reducción de la jornada laboral
Otro efecto secundario que visualizamos a la hora de estudiar la implementación de un salario mínimo por ley, refiere a una posible reducción de horas de trabajo. Hasta ahora vimos que cuando se establece un salario mínimo más alto, las empresas se enfrentan a un aumento en sus costos laborales. Lo que puede suceder es que para mitigar estos costos adicionales y mantener su rentabilidad, algunas empresas pueden optar por reducir las horas de trabajo de sus empleados en lugar de despedirlos por completo. En este sentido, las empresas pueden recortar las horas de trabajo de sus empleados para asegurarse de que no excedan su presupuesto salarial. Por ejemplo, en lugar de tener empleados trabajando a tiempo completo, podrían reducir sus horas para que se consideren empleados a tiempo parcial.
6. Menores ingresos
Continuando con la lista de problemas que podría desencadenar la temática en cuestión, es menester problematizar que de esta consecuencia deviene otra aún peor, y aunque resulte paradójico, en realidad no lo es: esta es, menos ingresos para los trabajadores. Y si, a pesar del sustento político e ideológico que pueda tener la implementación por ley de un SM, creemos importante remarcar la posibilidad de que de ella devenga la peor de sus consecuencias: que a los trabajadores a causa de querer beneficiarles, se les perjudique a tal punto que el SM en realidad termine ocasionando que sus ingresos netos se vean afectados.
Volvamos al supuesto de que ciertas industrias se vean afectadas por el SM y decidan disminuir las horas de trabajo de sus empleados, y aunque éstos aún conserven sus empleos, la reducción de horas significa que ganarán menos dinero. Esto puede contrarrestar el propósito inicial de la ley, que es mejorar los ingresos de los trabajadores. Seguido a esto, los trabajadores a tiempo parcial puede que tengan acceso limitado a beneficios como seguro médico, vacaciones pagadas y otros beneficios que a menudo están disponibles para empleados a tiempo completo. Además, la reducción de horas puede dificultar que los trabajadores mantengan la estabilidad financiera.
7. Efectos en la productividad
Por si esto no fuese poco, reducir las horas de trabajo puede tener efectos en la productividad, ya que los trabajadores tendrían menos tiempo para completar cierta cantidad de tareas, lo que podría afectar la calidad de los productos o servicios ofrecidos por la empresa. Finalmente, si varias empresas en una comunidad optan por reducir las horas de trabajo en respuesta al aumento del SM, podría haber un impacto en la demanda local de bienes y servicios. De esto se deduce que los trabajadores con menos horas y menos ingresos podrían gastar menos, lo que podría afectar a otros negocios locales.
8. Otras consecuencias implícitas
Pasando ahora a uno de los puntos más importantes en nuestro análisis, consideramos oportuno mencionar que el SM puede no tener en cuenta las diferencias en el costo de vida entre diferentes regiones. Establecer un mismo salario mínimo para todo el país o una región territorialmente amplia, podría ser injusto para áreas con un costo de vida más bajo. A su vez, en determinados contextos económicos, puede que genere una concentración del capital y una centralización de la oferta laboral en aquellas áreas o industrias mejor posicionadas que puedan hacer frente a la medida del SM con “más soltura” y capacidad financiera que aquellos medianos y pequeños productores, PYMEs y organizaciones de trabajo que deberán acarrear con consecuencias negativas a causa de la implementación de un SM por ley. Dicho esto, ¿hasta qué punto la implementación por ley de un SM realmente beneficia a los trabajadores en vez de perjudicarles? ¿Tienen en cuenta nuestros políticos las consecuencias negativas que efervecen a la realidad una vez implementada dicha medida? ¿Qué tan universalizable puede ser dicha metodología sin tener en cuenta los contextos económicos, políticos, sociales y demográficos de un país? ¿Son representativos los casos de éxitos en localidades pequeñas y de estabilidad macroeconómica como para implementar dicha medida en un país como Argentina, que 1 de cada 2 trabajadores lo hace en un mercado informal o semi-informal? Invitamos al lector a que reflexione con las anteriores preguntas y logre alcanzar sus propias conclusiones.
9. Mayor informalidad
De las preguntas anteriores, se desprende una de las últimas consecuencias que pudimos observar a la hora de intentar encontrar efectos positivos y negativos a la problemática en cuestión, y es que en algunos casos, el SM podría llevar a una mayor informalidad laboral, donde los empleadores no busquen contratar formalmente a sus empleados para evitar los costos asociados con el SM. Esto podría llevar a un aumento en el subempleo y la falta de beneficios laborales, como ya mencionamos en reiteradas ocasiones.
Es importante tener en cuenta que el debate sobre el salario mínimo es complejo y existen puntos de vista variados. Algunos estudios sugieren que los aumentos moderados en el salario mínimo pueden tener beneficios para los trabajadores sin causar un impacto significativo en el empleo. En última instancia, la implementación y el impacto del salario mínimo dependen de factores económicos y contextuales específicos de cada país.
¿QUÉ HACE QUE AUMENTEN LOS SALARIOS DE FORMA GENUINA?
Ya hemos visto que una simple resolución legislativa no promueve un aumento generalizado de los salarios en toda la economía, de ser así, simplemente crearemos una ley que diga cuánto debe cobrar cada trabajador según su oficio; sin embargo sabemos que esto no ocurre en la realidad. Entonces, ¿qué explica que la mayoría de los trabajadores tienen salarios muy superiores al salario mínimo? O bien ¿por qué los países que no cuentan con leyes de salario mínimo no sufren problemas de bajos salarios y explotación, sino por el contrario, son países de altos ingresos como Suiza, Austria, Noruega, Dinamarca, Alemania (hasta el 2015), Suecia, Finlandia, Islandia, Liechtenstein, Italia, Hong Kong y Singapur?.
La respuesta es tan corta como sencilla: la productividad. En un sistema de libre mercado, a cada trabajador o asalariado se le paga de acuerdo a lo que produce. Por ejemplo, supongamos que en el país X hay una fábrica de zapatos cuya producción se lleva a cabo mediante un grupo de artesanos contratados que cuentan con escaso capital y deben realizar por sí solos (sin la ayuda de grandes maquinarias) la mayoría de los procesos que implica fabricarlos. Digamos que a cada uno se le paga 10 USD por zapato producido y que al final del día genera un total de 4 unidades. Ganaría un total de 40 USD diarios. Ahora, imaginemos que en el país Y existe otra fábrica de calzado, cuyo método de producción se basa en la división de tareas, y en donde cada trabajador opera una compleja máquina que cumple una función específica en el proceso de producción (como pegar la suela al zapato). Obviamente, este método de automatización permitirá producir de forma masiva y en serie. Supongamos que al operario de esta máquina se le paga 1 USD por suela pegada (lógicamente cobra menos por unidad que el artesano ya que realiza solo una parte del proceso) y que al final del día pega un total de 150 suelas, lo que se traduce en 150 USD diarios. En síntesis, el segundo trabajador cobra 3 veces más que el primero simplemente por el hecho de que es más productivo, aunque su trabajo requiera menos esfuerzo.
Lo que podemos aprender con este ejemplo es que el capital es el mejor aliado de los trabajadores porque les permite ser más productivos y, en consecuencia, ganar más dinero.
Si el empresario no le pagase x cantidad de dinero por unidad producida y se apropiara de su fuerza de trabajo, el trabajador simplemente migraría hacia otro puesto donde se esté dispuesto a pagarle lo que produce.
“La mejor manera de elevar, por lo tanto, los salarios, es incrementando la productividad del trabajo. Tal finalidad, puede alcanzarse acudiendo a distintos métodos: por una mayor acumulación de capital, es decir, mediante un aumento de las máquinas que ayudan al obrero en sus tareas; por nuevos inventos y mejoras técnicas; por una dirección mas eficaz por parte de los empresarios; por mayor aplicación y eficiencia por parte de los obreros; por una mejor formación y adiestramiento profesional.
Cuanto más produce el individuo, más se acrecienta la riqueza de toda la comunidad. cuanto más produce, más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la productividad, no en los decretos y órdenes ministeriales” (H. Hazlitt, La Economía en una Lección, 2018: p. 169)
En síntesis, si queremos que los trabajadores sean más ricos, que encuentren empleos que paguen salarios dignos y, a fin de cuentas, sacar gente de la pobreza, debemos procurar que las empresas y los trabajadores sean más productivos. Para ello, debemos generar las condiciones propicias: reducir los impuestos, el gasto gubernamental, las regulaciones laborales que impiden contratar, la inflación, liberar importaciones y exportaciones para obtener maquinarias e insumos a menor costo y para competir con el resto del mundo, como etc.
CONCLUSIÓN
Las opiniones respecto de la viabilidad del salario son motivo de debate y controversias dentro de la comunidad de las ciencias políticas y económicas, esto se debe a que es difícil medir en un solo estudio el impacto del salario mínimo, ya que para ello hay que tener en cuenta una gran cantidad y variedad de posibles efectos secundarios que puede acarrear. De todas formas, nos aferramos a la teoría de que cada vez que el Estado interviene en la economía genera una modificación en las transacciones que se desarrollarían libre y voluntariamente y, por lo tanto, por alguna otra parte se compensan los costos de dicha intervención estatal. Por ejemplo, cuando se otorga algo “gratis” en forma de derecho, alguien más lo paga vía impuestos, y ese “alguien” perderá poder de compra, inversión o ahorro. De esta manera se desvían recursos desde los lugares más productivos, que generan bienes, servicios y empleos, hacia los lugares más ociosos e improductivos.
En el caso del SM, pasa lo mismo: generalmente los costos se traducen en forma de mayores tasas de desempleo, o en el precio del producto, en la calidad, en la cantidad producida, en las compensaciones de los trabajadores, en la concentración de capital, etc.
Por lo tanto, la mejor forma de garantizar un aumento generalizado de los salarios sin que los costos se trasladen hacia otras áreas -que a fin de cuentas todas perjudican tanto a los trabajadores más vulnerables, como a los consumidores y a las pequeñas empresas- es generando las condiciones para que los trabajadores y las empresas sean más productivos.


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